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1 DE LOS ORÍGENES DE LA CIUDAD DE TOLEDO

Francisco de Pisa – Pedro de Rojas

Toledo, Ciudad Imperial, llamada en las historias cabeza de las Españas, tiene el asiento áspero e inexpugnable, por ser fundada sobre una alta montaña de dura y fuerte peña del tamaño de ella misma, cercada casi en torno por el famosísimo río Tajo, que, a la forma de una herradura, cerca la mayor parte de ella. Y las riberas de este río, antes de llegar a la ciudad y después de apartado de ella, van coronadas y adornadas de frescas y hermosas arboledas, llenas de sotos y huertas, con gran muchedumbre de árboles frescos y deleitosos.
Al tiempo de llegar a ella, divide el Tajo en dos partes una grande y alta sierra de peña, por medio de la cual pasa muy estrecho y acanalado, metido por un hondo foso cercado de grandes riscos, que dan buena demostración haber sido hecho no por artificio humano, sino por obra divina en la creación del mundo. Cuya subida es por todas partes difícil, y por algunas del todo imposible.
Tiene Toledo el cielo y sus influencias muy prósperas y benéficas. Está sujeta al signo de Virgo, que es casa y exaltación del planeta Mercurio, que ha sido y es causa de inclinar a sus moradores a las ciencias especulativas y artes de industria, como se ha mostrado siempre por los sutiles ingenios de toledanos, entre los cuales ha habido y hay personas excelentes en ciencias, muy nobles y naturalmente animosos.
Es mucho de loar la gran lealtad que mucho tiempo tuvo Toledo con los romanos que en ella moraron, y después con los godos y los reyes sus sucesores, con los cuales fue ensalzada con título de Cívitas Regia y Real Ciudad y cabeza de las Españas; el cual título fue después acrecentado por los reyes cristianos, llamándola Ciudad Imperial, donde los emperadores eran coronados.
Después que Dios todo poderoso hubo criado esta máquina del mundo, y después del general diluvio que envió en tiempo del patriarca Noé, Túbal, su nieto, fue el primer hombre que vino a España y el primer poblador de ella. En aquellos principios del mundo, Túbal fundó en España dichosa y felizmente su valeroso imperio, de donde en todos los tiempos y siglos han salido varones excelentes y siempre han gozado abundancia de todos los bienes.
Y así, todos los historiadores confiesan haber venido Túbal a España; mas en qué lugares de ella haya hecho su asiento y cuál región de una tan extendida tierra haya
primero escogido para su habitación, no se sabe de cierto, ni hay necesidad de andarlo nosotros adivinando.
Quién haya sido el primero que fundó esta ciudad de Toledo, dificultosa cuestión es. Porque cuanto es una población más antigua, tanto menos noticia se tiene de su
origen y principio. Sobre la antigüedad y fundación de esta ciudad muchas son las opiniones dadas, además de la ya insinuada de haber sido su primera fundación debida a Túbal, quinto hijo de Jafet y nieto de Noé. Agora vamos en particular a tratar y desmenuzar algunas de las más conocidas del común entendimiento.
Algunos autores, no haciendo tan antigua su fundación como era justo, escriben haber sido edificada por dos cónsules: Tolemon y Bruto. Los cuales le pusieron el nombre que hoy tiene, así compuesto del principio del un nombre y fin del otro. Es esta la menos probable opinión de cuantas traeremos a colación.
Otros, la hacen población de los griegos, que en antiguo tiempo vinieron a España, de donde la ciudad tuvo el nombre de Toledo, del nombre griego Ptolietrhon, que significa lo mismo que ciudad por excelencia. Y entre los que tienen esta opinión, unos dicen ser fundada por Hércules, tomando conjetura de la cueva llamada vulgarmente de Hércules, que dicen haber sido por él edificada.
Los que escriben y tienen por opinión ser Toledo fundación de griegos, y en particular éstos que dan su primera fundación al famoso Hércules, alegan en su favor, entre otras pruebas, la que resulta de esta muy nombrada cueva, que dicen haber sido dedicada antiquísimamente en honor del mismo Hércules, a quien aquellos antiguos veneraban como a uno de sus dioses.
Esta cueva, con otras algunas que hay en la ciudad, se escribe haberse hallado hecha naturalmente, de una abertura entre las mismas peñas y sierra en que después fue fundada la ciudad, ordenándolo así Dios, autor de la naturaleza, para recogimiento o refugio de las fieras del campo. Esta pues grande cueva que naturaleza produjo en estos cerros y sierras, no sólo para el fin que hemos dicho, sino también para que después de labrada, acabada y perfeccionada con la industria de los hombres, picando la piedra y cubriéndola con bóveda de ladrillo fuerte, sirviese y aprovechase para otro uso; que pudo ser que para, si en algún tiempo acaeciese estar la ciudad cercada o en otro peligro, los de dentro de ella tuviesen algún socorro, comunicación o correspondencia con los de fuera, teniendo la cueva, como dicen que tiene, alguna boca fuera de la ciudad. Y escriben que su sitio era cerca de lo más alto del cerro en que la misma ciudad se fundó; y no van fuera de razón los que dicen ser esta cueva la que se ve hoy debajo de la iglesia de San Ginés y de algunas casas allí cerca, junto a San Román, donde es lo más alto de la ciudad. La cueva es larga y no se le ha visto fin de ella; en la entrada es más ancha y después va más angosta. No tiene sólo un camino, antes se va repartiendo en ramos, veredas y caminos diversos, a una parte y a otra.
Otros, con mayor fundamento, dan la fundación de la ciudad a los griegos y dicen que un Ferencio, grande astrólogo de Grecia, viniendo a España y conociendo por la
constelación y ayuntamiento de las estrellas ser éste sitio dispuesto para una grande y populosa ciudad, de muy próspera fortuna, dio principio a su edificación, dedicando esta cueva en honra del mismo Hércules, uno de los dioses que adoraban aquellos griegos; de donde le quedó el nombre de Hércules a la cueva; y no porque él la hubiese edificado, ni tampoco la ciudad. Esta manera de edificación y población primera dicen estos autores, por buena cuenta, haber tenido su comienzo mil y doscientos y sesenta años antes del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
Otra opinión y parecer hay bien diferente de éstos; es la de ciertos autores que resueltamente la atribuyen a los ejércitos de Nabucodonosor, que eran gentes de diversas naciones: caldeos, persas y hebreos; los cuales, viniendo a España, dejaron en ella hechas poblaciones. Estas gentes, según ciertos autores, pasaron hasta estas tierras y en ellas fundaron, a la ribera del río Tajo, en un alto cerro bien fuerte por naturaleza, una población que en su lenguaje llamaron Toledoth, que significa lo mismo que generaciones, por haber concurrido a su fundación y población diversas generaciones y familias.
Dicen más; que estas naciones de caldeos, persas y hebreos no sólo fundaron la ciudad de Toledo, como cabeza de sus poblaciones en España, mas también en estas mismas tierras erigieron y fabricaron otros pueblos menores, poniéndoles los nombres de otros pueblos de sus propias patrias. Así como Escalona, a que dieron el nombre de Ascalon, pueblo en los confines del reino de Judea; y la villa de Maqueda, que corresponde al pueblo Mazeda, del que se hace mención en el libro de Josué; la aldea de Novés, dice que tomó el nombre de la ciudad de Nobe; Yepes, de Iope, pueblo de Palestina; y Aceca, responde a otra del mismo nombre ciudad de Cananea; y el cerro del Águila, que es en la Sagra, tomó el nombre de otro cerro o collado llamado Achila, donde estuvo escondido David huyendo del rey Saúl.
Este parecer, a mi juicio, no carece del todo de probabilidad, ni del todo la sigo ni apruebo. Porque decir que el ejército de diversas gentes y naciones de Nabucodonosor en algún tiempo haya venido a España, autores antiguos hay que lo escriben, mas en modo alguno apruebo que haya sido la primera fundación de Toledo cosa de gente hebrea; y atribuírsela a ellos no lo tengo por cosa que ennoblece ni engrandece esta nobilísima ciudad.
Además, se tiene por cierto haber sido muchos años después la primera venida de los de la nación hebrea a España.
Se confiesa y tiene por verdad, y se cuenta en las crónicas nuestras, que muchos años antes de la pasión de Cristo Nuestro Señor hayan venido a España muchos millares de estos hebreos y poblado alguna parte de ella, y que en esta ocasión y venida pusieron nombres a algunos lugares y pueblos que están en contorno de esta ciudad, como son Escalona, Yepes, Novés y Aceca, y el cerro del Águila. Pero una cosa es decir que los hebreos viniesen a España y que en esta venida poblaron y pusieron nombre a algunos lugares de esta comarca de Toledo, y aún a la misma ciudad, llamada en hebreo Toledoth, y otra cosa es que ellos hayan sido los que primero la fundaron. Lo cual no es muy verosímil, ni tiene fundamento bastante.
Tampoco es de creer que la venida del ejército de los caldeos y persas a esta ciudad haya sido en su primera fundación o población, que es la que buscamos; sino que antes de ella hubo otras más antiguas de griegos o de otra nación.
Cuentan las crónicas que, muerto el rey Nabucodonosor dejando debajo del dominio de los reyes de Babilonia a España y por Silla Real en ella la ciudad de Toledo, le sucedió Evilmerodach, su hijo; el cual, entre otras, hizo una crueldad con el cuerpo de su padre, aún mayor que si hubiera sido patricida. Esta fue que, temeroso de que resucitase y volviese a reinar, mandó desenterrar a su padre y que hiciesen trescientos pedazos su cuerpo; y haciendo que se juntasen trescientos buitres y los trajesen ante sí, hizo atar a cada buitre un pedazo de su padre, y echólos a volar, para que cada uno, con el hambre, se comiese su pedazo.
A Evilmerodach sucedió su hijo Naglesar, que, con ayuda de algunos nobles, le dio de puñadas y quedó con el reino, siendo patricida. A Naglesar le sucedió Sardan, al cual sucedió Baltasar.
Estos reyes poseyeron y gobernaron a España y a nuestra Imperial Ciudad por sus gobernadores. En estos tiempos se había perdido casi totalmente el conocimiento de un dios verdadero y el culto de la religión, y habían entrado las idolatrías y hechicerías de los babilonios que con Nabucodonosor habían venido a España y a Toledo; y en esta ciudad las usaban, habiendo aprendido de ellos a adorar el fuego, la serpiente y otros falsos dioses. Y aún hay quien dice que hubo en esta ciudad un gran templo debajo de tierra, hecho en honor del fuego, como dios infernal.
El antes mentado rey Baltasar murió haciéndole guerra el rey Darío de los Medos y el rey Ciro de Persia. Y, al cabo, quedó Ciro con el reino de España.
Este poderoso rey Ciro halló gran suma de hebreos cautivos en Babilonia y les dio libertad. Aquellos míseros hebreos, que tantos años se habían visto en cautiverio, viéndose libres, volvieron a Jerusalén; mas, muchos de ellos, con licencia del rey Ciro, se dispersaron por muy diversas partes; y alguna cantidad de ellos llegaron a Toledo, con un capitán de este poderoso rey, llamado Pirro. Trajeron a Toledo este capitán Pirro y los judíos que con él vinieron gran cantidad de tesoros y la Mesa de Esmeralda del Templo de Salomón, y compraron muchas posesiones y se fueron enriqueciendo. Fundaron luego que llegaron a esta ciudad, por los años quinientos y trece, poco más o menos, una suntuosa sinagoga que fue la mayor que ellos tuvieron, después de la de Jerusalén; y fundaron también algunos lugares de esta comarca. Y no mucho después, vinieron a esta ciudad muchos otros judíos, animados por los que en ella moraban.
Dicho todo lo cual, me parece más verosímil y conforme a la antigüedad inmemorial de esta ciudad, haber sido fundada en sus principios por Hércules, como dicho quedó anteriormente. Y que la otra diversidad de gentes y naciones que dicen las opiniones antes citadas, sobrevino después que la ciudad había sido ya edificada, y la amplió y puso en mayor perfección.

Y habiéndose empezado a fundar esta ciudad antes del nacimiento de Nuestro Señor, los años que arriba dijimos, no tardó en ser fuerte, no tan solamente por ser fundada en montaña y breñas, sino también por arte e industria de sus pobladores, siendo cercada de muros y torres. Después, procediendo los tiempos, fue acrecentada por otras naciones; y, sobre todas, la ilustraron los príncipes y capitanes romanos; y después, mucho más, los reyes godos; otros tiempos fue poseída esta ciudad por los moros muchos años, dejando en ella y en otros pueblos del reino de Toledo nombres arábigos que hasta hoy perduran.

Mas ninguno piense que por haber entrado en Toledo tanta diversidad de gentes y naciones, como hemos hecho mención aquí, que esto sea algún menoscabo que perjudique a nuestra ciudad y a su dignidad. Antes al contrario.

Leyenda extraída del libro “Antología selecta de leyendas toledanas” por Juan Manuel Magán García