SANTA TERESA DE JESÚS EN TOLEDO

  • Santa Teresa de Jesús en Toledo

  • Casa de Mesa. Santa Teresa de Jesús en Toledo

                        Casa de Mesa. Santa Teresa de Jesús en Toledo

  • Huellas de Santa Teresa de Jesús en Toledo

                        Huellas de Santa Teresa de Jesús en Toledo

  • Santa Teresa de Jesús en Toledo

                        Placa en la puerta de la Casa de Mesa

  • Santa Teresa de Jesús en Toledo

                          Escultura de la Plaza de Santa Teresa de Jesús en Toledo

SANTA TERESA DE JESÚS EN TOLEDO

“La Madre Teresa es una gran mujer de tejas abajo, y de tejas arriba muy mayor”, el docto jesuita P. Pablo Hernández.

La relación de Santa Teresa con Toledo se inicia bastante antes de su nacimiento, pues su familia paterna es toledana, y en la casa familiar señalada con el número 2 en la calle Tendillas que hace esquina con la de los Aljibes, llamadas antes “Calles Reales”, hubieron de nacer el padre y los tíos de la santa abulense y, quizá, otros de sus anteriores antepasados. En Toledo vivió la familia hasta que Juan Sánchez, abuelo que sería de la Santa Reformista, presintiendo que su ascendencia judaizante no sería olvidada en Toledo por los cristianos viejos, a pesar de haber renegado públicamente y de haber paseado el sambenito y a pesar de encubrir su oscura ascendencia con la compra de una hidalguía, ni por los judíos, precisamente por todo ello, viudo ya, emigró a Ávila, donde con mucho más sosiego podría dedicarse a sus tareas de comerciante. Y en Ávila creció y se moceó Alonso Sánchez, hijo de Juan Sánchez el Toledano, como allí era conocido, y se casó con una hacendada y hermosa joven abulense, que murió en el segundo de sus partos, cuando Alonso contaba 27 años, por lo que se volvió a casar con Doña Beatriz de Ahumada, dama de noble ascendencia.

De este matrimonio nacerían Teresa de Cepeda y Ahumada y otros ocho hijos. Y es de suponer que en Gotarrendura, donde se encontraba la casa familiar, el bueno de D. Alonso contaría a su abultada prole historias de su familia y hechos y formas de vida toledanos; mas, a pesar de ello y de que muchos rasgos del carácter y de la persona de Santa Teresa se asimilen a “lo toledano”, parece ser que no tendría mucha intención de visitar la patria chica de su linaje paterno. Así, los biógrafos que se han acercado a la vida de la santa señalan que en su viaje a Guadalupe en 1548 ó 1549 se detuvo en La Puebla de Montalbán y, quizá, también en Torrijos, para visitar a sus parientes que residían en sendas poblaciones. Pero nada indica que se allegara a Toledo.

En La Puebla vivía D. Diego de Cepeda, primo de Santa Teresa, y allí conoció a su sobrina María de Ocampo, hija del dicho Diego de Cepeda, que bien merece una evocación, pues María, viviendo con su tía en el convento de La Encarnación de Ávila, le propuso la empresa de la reforma de la orden carmelitana y le ofreció generosamente su legítima para fundar el primer convento. Y en Torrijos moraban otros parientes de Santa Teresa: D. Francisco de Cepeda y Doña Leonor de Cepeda, naturales que eran de este pueblo toledano. En una carta a D. Teutonio de Braganza, obispo de Évora (Epistolario, carta 54), alude Santa Teresa a un fracasado proyecto de fundar un monasterio en Torrijos: “En lo de Torrijos no se le dé nada; que, cierto, el lugar no es nada de mi gusto”. Así pues, hemos de empezar el itinerario en la calle de Las Tendillas (de Sancho Minaya), conocida antes como “Calle Real”.

Vino a Toledo por primera vez y sin habérselo propuesto en 1562, pues lo hizo cumpliendo órdenes del P. Provincial de los Carmelitas, orden que le fue comunicada, precisamente, la noche de Navidad de 1561 y que le obligó a suspender la fundación del Convento de San José de Ávila y a abandonar los proyectos de oración y júbilo pascual que se prometía para los días de la Navidad cercana. El motivo de su venida tampoco habría de ser de su agrado. Emprende el camino una mañana de primeros de enero, acompañada por otra religiosa, Doña Juana Juárez, y en tierras ya castellanas habrá de atravesar la Torre de Esteban Hambrán, Santa Cruz del Retamar, Portillo, Fuensalida, Huecas y Villamiel, que son etapas probables del trayecto de Ávila a Toledo. Y en Toledo buscó la casona conocida como de Mesa, construida en los primeros tiempos de la Reconquista de Toledo y suntuosamente decorada en el siglo XIV, propiedad que era en la primera mitad del siglo XVI de D. Rodrigo Manrique, Maestre de Calatrava y Conde de Paredes. Después, el 20 de junio de 1551, la compra el cardenal Siliceo y en ella establece su célebre Colegio de Doncellas, hasta que adquiere el suntuoso palacio en 1554 de D. Diego Hurtado de Mendoza, Conde de Mélito, y asienta allí el definitivo destino del renombrado Colegio. Y al tiempo, el cardenal vende la histórica casona a Arias Pardo Saavedra, señor de Malagón y sobrino del cardenal Tavera y, a la vez, tenido por el más opulento caballero de Castilla; luego pasa a su hija, Doña Guiomar, aunque habite en ella Doña Luisa de la Cerda, esposa y madre, respectivamente, de Arias y de Guiomar. Añadamos como hecho ilustrativo que esta casa fue adquirida después por el matrimonio Garcilaso de la Vega y doña Elena de Zúñiga y, luego, pasó a sus herederos. En la actualidad, el histórico recinto es sede de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo desde su fundación en 1916.

Vino, por tanto, por vez primera Santa Teresa a Toledo llamada por Doña Luisa de la Cerda, sabedora de que en Ávila había una monja a quien la fama atribuía singulares virtudes y extraordinarios hechos, y en compañía de esta señora vivió una larga temporada, relatada por la propia religiosa en su Vida y en el Libro de las Fundaciones. Era Doña Luisa hermana del duque de Medinaceli y acababa de quedar viuda después de la muerte de tres de sus hijos. Muy grata y fructífera resultó la estancia de Santa Teresa en la “Casa de la Señora de Malagón”, nombrada hoy Casa de Mesa, pues aquí conoció a una joven de 13 años, Doña María de Salazar, de noble y muy rica familia que, por influencia personal de la santa carmelita profesó en el convento de carmelitano de Malagón y, trocó su nombre del siglo por el de Sor María de San José.

Fue priora del convento de Sevilla y, luego, del de Lisboa, y en su época fue considerada como una de las más grandes figuras de la reforma carmelitana; y como escritora de estilo limpio y elegante también ocupa un lugar destacado en nuestra literatura. Terminó sus días en el convento de Cuerva. Y en la Casona toledana terminó Santa Teresa el libro de su Vida, pues al final del manuscrito escribió estas palabras:

“Acabóse este libro en Junio, año de 1562”, cuando está constatado que vivía en casa de Dña Luisa, e inicia Camino de Perfección. Desde la gran Casa de Mesa acudía al Convento de San Clemente a oír misa, y en la iglesia, un día después de comulgar, recibió un zapatazo por parte de una desconocida vecina, anécdota que la propia Santa Teresa comenta con gracejo en el Libro de las Fundaciones. También iba a San Pedro Mártir, morada de los P.

Dominicos, sus consejeros y defensores. Y quizá en esta iglesia o en la de San Román tuviera lugar la entrevista entre la andariega reformadora y el gobernador D. Tello Girón para tratar el tema de la licencia necesaria para la fundación toledana, pues leemos en el capítulo XV del Libro de las Fundaciones: “Y ansí me determiné de hablar al gobernador. Y fuime a una ilesia, que está junto a su casa (de Doña Luisa, se entiende), y enviéle a suplicar que tuviese por bien hablarme”. Asimismo, acudía con frecuencia a la Parroquia de los P. Jesuitas, ubicada en el Torno de las Carretas, a los que había confiado su dirección espiritual, y es muy factible que acompañara más de dos veces a Dña Luisa al Hospital de Afuera, cuya iglesia se levantaba por aquellas fechas bajo su patronazgo. Y también acudiría con frecuencia al Convento de las Jerónimas de San Pablo, en donde conoció al célebre prior de Los Jerónimos de La Sisla, que luego sería su confesor, y a Doña Ana María de Silva, rectora que sería después del Colegio de Doncellas nombrada por Felipe II, por lo que también resulta muy probable que la santa acudiera al distinguido Colegio. Y entre las Jerónimas de San Pablo la tradición conserva una anécdota ocurrida con ocasión de una de las visitas de la santa a dicho convento.

No obstante, las horas que podía las pasaba orando y escribiendo la relación de su propia Vida, autobiografía admirable de la que Menéndez Pelayo escribió:”No hay en el mundo prosa ni verso que baste a igualar ni aun de lejos se acerque a cualquiera de los capítulos de la Vida que de sí propia escribió Santa Teresa por mandato de su confesor; autobiografía a ninguna semejante, en que con la más perfecta modestia se narran las mercedes que Dios la hizo y se habla y discute de las más altas revelaciones místicas con una sencillez y un sublime descuido de frase que encanta y enamora”.

Y en esta casa, la Casa de Mesa, tiene lugar el prodigioso encuentro entre la reformadora carmelita y Fr. Pedro de Alcántara, que parecía “hecho de raíces de árboles”, el cual la alienta a seguir en sus afanes de reforma carmelitana, sustentados en la pobreza y la austeridad. También recibe la visita de la venerable María de Jesús, fundadora del convento llamado de la Imagen, en Alcalá de Henares, que es también de Carmelitas Descalzas, y también insiste en vivir entre la pobreza y la oración. De este hecho da cumplida cuenta en el capítulo XXXV de su Vida. Su tiempo en Toledo se contaba en algo más de seis meses, “algo más de medio año”, dice a su hermano Lorenzo: desde primeros de enero ( 2 ó 3) de 1562 hasta finales de julio de ese año, pues sólo llegó a Ávila cuando faltaban “algunos días” para la elección de Priora de la Encarnación, lo que ocurrió el 2 de agosto de ese año. Después de esta estancia toledana entre el acomodo y la riqueza, regresa a Ávila cansada de las formalidades exigidas por el vivir en palacio, a pesar de lo provechosa y decisiva que le ha resultado, y más que resultará.

En efecto, en febrero de 1568 es llamada de nuevo por Doña Luisa de la Cerda para fundar un convento de Carmelitas Descalzas en Malagón, que pertenecía al mayorazgo de su difunto marido, el Marqués de Malagón, título que ostentó hasta su muerte. Y en la mansión toledana estuvieron mientras se fraguaban los preparativos de la fundación, que ocuparon el resto del mes y todo el siguiente, hasta el día 30, en que se firmó el documento fundacional en la consabida Casa de Mesa, es decir, “en las casas de mi morada que son a la parroquia de San Román, como manifiesta Doña Luisa en la escritura otorgada en 1576 referente al Convento de Malagón. El día 1 ó 2 de abril hubieron de salir Doña Luisa y Santa Teresa para Malagón, y el 20 de mayo regresa a Toledo, tan maltrecha del viaje “que me hubieron de sangrar dos veces; que no me podía menear en la cama, según tenía el dolor de espaldas hasta el celebro, y otro día purgar; y ansí me he detenido ocho días aquí…, y me parto muy enflaquecida, que me sacaron mucha sangre, mas buena”. Salió, pues de Toledo el 28, pasó el 30 en Escalona con la marquesa de Villena, y llegó a Ávila el 2 de junio de 1568. Por tercera vez llegaba Santa Teresa a Toledo, llamada en esta ocasión por el P. Pablo Hernández, su confesor de otras veces en Toledo, y por Alonso Álvarez, albacea de Martín Ramírez, que había destinado una buena renta para “hacer de ella una obra que fuese agradable al Señor”, “y fuime a casa de la señora Doña Luisa, que es adonde había estado otras veces”. Era la “víspera de Nuestra Señora de la Encarnación”, que se corresponde con el 24 de marzo de 1569. Venía para fundar en la ciudad un monasterio de Carmelitas Descalzas, pero llevaba Santa Teresa mes y medio en Toledo y no había conseguido las licencias necesarias. Y cansada de tantas dilaciones, decidió entrevistarse con el gobernador de la ciudad, que a la sazón era el clérigo D. Gómez Tello Girón, una vez que el arzobispo Don Bartolomé de Carranza estaba encarcelado en Valladolid, a quien le espetó ante su reiterada negativa: “Recia cosa es que haya mujeres que quieren vivir con tanto rigor y perfección y encerramiento, y que los que no pasan nada de esto, sino que están regalados, quieran estorbar obra de tanto servicio a nuestro Señor”. Cuando salió Santa Teresa de la entrevista, llevaba la autorización necesaria para fundar en Toledo. Y con cierto gracejo y entrañable sensibilidad cuenta la santa cómo logró superar el último problema: alquilar una casa para la fundación, tarea en la que intervino con suma diligencia el “estudiante Andrada”, de modo que el 13 de mayo de 1569, “a boca de noche”, sale un escuálido grupo -Santa Teresa acompañada de dos monjas y otros dos hombres- de la Casa con el escaso equipaje hacia el nuevo convento, y el día 14 muy de mañana un padre carmelita dijo la misa y un notario levantó el acta pertinente de la fundación del nuevo “palomarcico de la Virgen”. No obstante, no acabaron aquí los problemas de esta fundación, de lo que da cumplida cuenta la santa en el Libro de las Fundaciones, pero ahora toca preguntarnos dónde se erigió ese convento. Y después de numerosas horas de estudio y de contrastar sus conjeturas con los datos ofrecidos por Santa Teresa en el Libro de las Fundaciones, concluye Don Agustín Rodríguez y Rodríguez que la casa-monasterio se localiza en la Calle de San Juan de Dios señalada con los números 18/20, identificada en algún documento como “Casas de Dñª Cecilia”, cuyas características coinciden con las aportadas por Santa Teresa. Incluso, hoy se aprecian detalles de construcción que reafirman esta propuesta del investigador citado. Y aquí vivió Santa Teresa un año, al cabo del cual ya disponía el Convento de Casa propia, y “de las buenas de Toledo”, como dice Santa Teresa en el Libro de las Fundaciones, precisamente en la calle conocida como El Torno de las Carretas, casa contigua a la de los jesuitas, lindante con la actual Capilla de San José de la Calle Núñez de Arce, y a la que tantas veces había ido a confesarse. La casa era de Alonso Sánchez, albacea de Martín Ramírez, que la había construido parta tal fin fundacional, y se la vende a “la Señora Doña Teresa de Jesús, religiosa de la Orden de los Carmelitas, Fundadora de la casa e monesterio que agora nuevamente se ha hecho e fundado en esta ciudad eintitulado del Señor San Jusepe” después de negociaciones con los albaceas. El acta decompra-venta se firmó el 18 de mayo de 1570.

Además de esta época de la fundación, varias veces más estuvo la fundadora en este Convento, al que llamaba su quinta, bien porque era su quinta fundación, bien porque la consideraba lugar de descanso y reflexión. Y una de ellas ocurrió en 1576, aun en contra de su voluntad, y se prolongó más de un año, que resultó de los más penosos y el más glorioso, a la vez, de la andariega reformadora: El General de los Carmelitas envía desde Roma un mandato en la primavera de 1576 por el que Santa Teresa debía recluirse en uno de “sus” conventos y abstenerse de más fundaciones durante un año, y ella elige éste de Toledo. Y a Toledo llega el 22 de junio de 1576, y buscando sus consejos y noticias llegarán cientos de cartas, a todas las cuales contesta la santa reformadora robando tiempo a sus oraciones y a su descanso; y en el convento toledano permanece hasta agosto de 1577, fecha en que parte para Ávila después de catorce meses de reclusión, que serán los más fructíferos e intensos para la literatura teresiana: De una conversación con el P. Jerónimo García nace el impulso para escribir su obra mística más elevada; la convencen para que continuara el libro de la Vida, con el título ya de Las Moradas o Castillo Interior; dio por terminado el Libro de las Fundaciones y lo fecha “hoy, víspera de San Eugenio, a catorce días del mes de Noviembre de MDLXXVI, en el monesterio de San Josef de Toledo”, aunque luego lo continuó en más capítulos, libro que inicia “hoy día de la Santísima Trinidad, Año de MDLXXVII, en este monesterio de San Josef del Carmen de Toledo” , cuyo plan le fue mostrado en una visión que tuvo el día anterior, es decir (2 de junio), “víspera de la Santísima Trinidad”, y escribe numerosas cartas con las que llega a todos los estratos sociales. También escribió en Toledo Modo de visitar los Conventos y Exclamaciones del alma a Dios, compuesto en 1569, según Fr. Luis de León, quizá en el segundo semestre. Así pues, si Santa Teresa nació en Ávila, en Toledo vivió para escribir lo mejor de su prosa.

A mediados de noviembre de 1579 regresa nuevamente a Toledo, al Convento de San José, camino de Malagón, hacia donde parte el 24 de ese mes. Regresa al Convento de la Calle Torno de las Carretas otra vez el 14 de febrero de 1580, de paso hacia Villanueva de la Jara, adonde iba a fundar, y vuelve a Toledo, después de esa fundación, el 26 de marzo, con intención de permanecer sólo unos días en su querido convento. Pero Dios obró de manera distinta: el 31 de marzo, día de Jueves Santo, le sobrevino un ataque de perlesía y de corazón, y aquí permaneció hasta el 8 de junio, día en que se despide de sus monjas para dirigirse a Segovia. Ésta es su última estancia en Toledo. Cuenta Santa Teresa que en este recinto toledano se le apareció Cristo Redentor Nuestro atado a la columna, y pidió la santa que fuese pintado en la misma forma y en el mismo lugar de su aparición. A este convento llegó aquella “noche oscura” San Juan de la Cruz cuando logró escapar de la prisión en que le mantenían los carmelitas calzados, muy cerca del Puente de Alcántara y frontal del Castillo de San Servando.

NOTA: En esta fundación de San José también surgen problemas con los albaceas: Con el tiempo, el convento resulta insuficiente y aumentan las discrepancias con Diego Ortiz, yerno de Alonso Sánchez, por lo que es también albacea. Y surgen porque transcurridos 12 años las monjas no han acabado de cumplir las condiciones acordadas para la fundación, por lo que devuelven las casas a los albaceas de Martín Ramírez, y en noviembre de 1583 se marchan a un edificio del regidor Alonso Franco, en la Calle de las Tendillas, en donde estarán 24 años. En este lugar, el cardenal Aragón construirá el Convento de las Capuchinas, que también quedará pequeño para las monjas carmelitas, y una sobrina de Santa Teresa, Beatriz de Jesús, la priora, decide el traslado al palacio de los Condes de Montalbán, cercano a la Puerta del Cambrón, que había mandado construir Fernando de la Cerda, hermano de Doña Luisa, y su esposa Dñª Ana de Latiloye. Después, las monjas compraron otras casas colindantes y lo ampliaron. Por tanto, Santa Teresa, que murió el 4 de octubre de 1582, ya no estuvo en el Convento de Tendillas, luego “de las Capuchinas”, ni en el actual de San José, en la Calle Real.

Texto de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo