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SU ESCRITOS

Santa Teresa de Jesús, considerada como gran escritora del siglo XVI nació en Ávila 1515 y este año conmemoramos su V Centenario de su nacimiento. Ella y San Juan de la Cruz son figuras cumbres, a la vez, de la mística y de la historia de la literatura, admirables ejemplos de esos “frutos tardíos” que caracterizan a nuestra literatura. En Europa, la literatura mística se da en la Edad Media; en España, en la segunda mitad del siglo XVI, la época de Felipe II.

Escribe Santa Teresa el Libro de su Vida por mandato de su confesor: “Como me han mandado… para que escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho”. Su finalidad es “que vean las misericordias de Dios”. Se dirige a sus hermanas y a todo el que comienza la vida espiritual.

Sorprende Santa Teresa por su unión de mística y espíritu práctico, su capacidad de gestión: por ejemplo, trataba a banqueros y mercaderes. Era de familia judeo-conversa. Américo Castro definió su “mística y humana femineidad”, su “palabra de mujer”. Une el milagro y lo cotidiano. Puede resumirse esa actituden la conocida metáfora: “También entre los pucheros anda el Señor”.

Todo ello determina un estilo muy personal. Escribe con llaneza, comete errores sintácticos; usa un “estilo de ermitaños, sin novedades ni melindres: para que, por muy menudo y con claridad, dijera mis grandes pecados y ruin vida”.

El Libro de la Vida comprende episodios autobiográficos, capítulos sobre la oración y el relato de algunas de sus fundaciones de conventos. Para el lector medio actual, los primeros, los autobiográficos, son, sin duda, los más atractivos. Inolvidable resulta, por ejemplo, lo que cuenta sobre su infancia. Su padre “era aficionado a leer buenos libros y así los tenía de romances para que los leyesen sus hijos”. Se reunía la niña con su hermano Rodrigo a leer vidas de Santos y su ejemplo les animaba para marchar a tierra de moros, “para que allá nos descabezasen”.

Lo que más impresión le causaba, en la lectura, era una palabra terrible, que la santa repite tres veces: “Espantábanos mucho el decir que pena y gloria eran para siempre, en lo que leíamos. Acaecíanos estar muchas veces tratando de esto y gustábanos de decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre!” (Curiosamente, con estas mismas palabras concluye Gustav Mahler el tiempo final de La Canción de la tierra, en la que pone música a poemas de Li-Tai-Po y otros autores chinos clásicos).

Existen buenas ediciones académicas, anotadas, del LIbro de la Vida en las colecciones Clásicos Castalia (con prólogo del gran erudito Otger Steggink) y en Letras Hispánicas de Editorial Cátedra. También existen otras ediciones de bolsillo en Edaf y ed. San Pablo. Curiosa es la iniciativa de ed. Rialp, que ha separado, en dos volúmenes, el relato autobiográfico de lo doctrinal. Para entender la personalidad de la santa, fuera del ámbito académico, se pueden leer el libro biográfico de Marcelle Auclair (la amiga de Ignacio Sánchez Mejías) y el de una excelente poetisa actual, Olvido García Valdés.

Al margen de las creencias religiosas de cada cual, nadie puede negar que Santa Teresa de Jesús es una de las glorias de la cultura española y una extraordinaria escritora.

Texto por Andrés Amorós

SU LITERATURA

Libro de la Vida
Camino de Perfección
Castillo Interior
Las Constituciones
Las Fundaciones
Poesías
Otras Obras

Libro de la Vida

El libro de la Vida es el primero que escribe santa Teresa de Jesús, el más espontáneo y fresco, fiel reflejo de su personalidad y su experiencia humana y sobrenatural.

Lo escribe inicialmente en 1562 en una edición ya perdida. Pero vuelve a escribirlo de nuevo, basándose en el texto inicial, en 1565.

El libro es una biografía tanto interna como externa, pues además de describir acontecimientos mundanos, también nos relata sus experiencias espirituales y nos enseña a orar. Muy a menudo convierte su relato en una oración.

Los capítulos 1 al 10 sí son biográficos en el sentido convencional, pero los que siguen, del 11 al 22 son un tratado de oración, y del 32 al 36 nos describe la primera fundación del convento de San José de Ávila.

En su prólogo comienza:Quisiera yo que, como me han mandado y dado larga licencia para que escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho, me la dieran para que por muy menudo y con claridad dijera mis grandes pecados y ruin vida. (Vida Prólogo, 1).  Escribe por obediencia, no por gusto, y considera incompleto el relato en que le piden excluya sus faltas.

En la primera parte del libro Teresa nos relata su infancia y juventud, la muerte de su madre y la posterior de su padre. También su ingreso a la vida religiosa en 1535 con 20 años. A esta etapa le siguen 20 años de vida monástica con relajada tibieza y oración mental en sequedad, en una tensión por perseverar y desprenderse del mundo. Ella misma nos cuenta: “Cuando estaba en los contentos del mundo, en acordarme lo que debía a Dios, era con pena; cuando estaba con Dios, las afecciones del mundo me desasosegaban. (Vida 8,2).

Define más adelante oración mental: “… que no es otra cosa oración mental – a mi parecer -, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama. (Vida 8,5). Insistiendo en todo momento al lector en que no deje nunca esta oración.

La intensidad de su vivencia religiosa comienza a adquirir más fuerza desde que lee las Confesiones de San Agustín, y también le causa grave impresión un Cristo muy llagado que trajeron a guardar al oratorio. (Vida 9)

Explica entonces la barrera que nos ponemos para acercarnos a Dios:Mas parécenos que lo damos todo, y es que ofrecemos a Dios la renta o los frutos y quedámonos con la raíz y posesión. (Vida 11,5).

El párrafo que sigue merece atención pues refleja dos aspectos muy interesantes. El primero que no sólo se dirige a religiosos y monjas, sino a todo el que comienza vida espiritual. El segundo, su batalla contra la honra, el orgullo que más adelante definirá como uno de los peores males, también en los monasterios: Parece también que dejamos la honra en ser religiosos o en haber ya comenzado a tener vida espiritual y a seguir perfección, y no nos han tocado en un punto de honra, cuando no se nos acuerda la hemos ya dado a Dios y nos queremos tornar a alzar con ella.” (Vida 11,2). Y respecto a la honra más adelante: “si no quitan esta oruga… otras virtudes quedarán, más todas carcomidas… por poco que sea el punto de honra es como en el canto de órgano, que un punto o compás que se yerre disuena toda la música. (Vida 31,21)

El texto está cuajado de advertencias sobre la perseverancia, sobre etapas en que se vuelve muy atrás, sobre no querer uno levantar el vuelo sólo. Y continuas llamadas a la humildad, comienzo de toda la oración y también fruto de la misma: … todo está en lo que su Majestad quiere y a quien quiere darlo; más mucho va en determinarse a quien ya comienza a recibir esta merced en desasirse de todo…”. Desasirse de todo abarca no sólo los bienes mundanos, sino los regalos que recibimos en forma de virtudes, paz o sosiego, a ellos tampoco debemos apegarnos.

En el capítulo 29,3 nos describe la transverberación: veía un ángel cabe mí… Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios.”

En el capítulo 32 tiene una espantosa visión del infierno de la que sale reforzada: Después de acá, como digo, todo me parece fácil en comparación”. De su deseo de hacer todo lo posible por la salvación de las almas surge el carisma del Carmelo Descalzo: Pensaba qué podía hacer por Dios, y pensé que lo primero era seguir el llamamiento que su Majestad me había hecho a religión, guardando mi Regla con la mayor perfección que pudiese. Y aunque en la casa adonde estaba había muchas siervas de Dios y era harto servido en ella, a causa de tener gran necesidad salían las monjas muchas veces…Y también no estaba fundada en su primer rigor la Regla, sino guardábase conforme a lo que en toda la orden, que es con bula de relajación, y también otros inconvenientes, que me parecía a mí tenía mucho regalo, por ser la casa grande y deleitosa.” (Vida 32,9) … a la manera de las descalzas.” (Vida 32,10)

Tuvo que vencer muchos obstáculos para su primera fundación, desde la oposición y burla de muchos de sus contemporáneos incluyendo sus compañeras y confesores,  hasta su propio apego a la cómoda vida que tenía y su amplia celda.

Santa Teresa escribe una carta final remitiendo su libro a sus superiores: “… Yo he hecho lo que vuestra merced me mandó en alargarme, a condición que vuestra merced haga lo que me prometió en romper lo que mal le pareciere”.

El libro fue muy estudiado, hasta por la inquisición. El Padre Domingo Báñez escribía en 1575: Sola una cosa hay en este libro en que poder reparar, y con razón; basta examinarla muy bien: y es que tiene muchas revelaciones y visiones, las cuales siempre son mucho de temer, especialmente en mujeres, que son más fáciles en creer que son de Dios…”.

El libro se publicó varios años después de la muerte de Santa Teresa.

LEER EL LIBRO DE LA VIDA

Camino de Perfección

Se trata de una guía de espiritualidad formalmente dirigido a las monjas del monasterio de San José de Ávila, pero que su autora, consciente o inconscientemente, acaba dirigiendo a toda congregación religiosa e incluso a seglares, dado que el momento de reformas y cismas que se viven, le hacen querer extender sus consejos a todos los cristianos.

Al igual que sucede con el Libro de la Vida, escribe esta obra dos veces, pero en esta ocasión sí disponemos de los dos autógrafos, conocidos como el autógrafo de El Escorial y el de Valladolid, por el lugar donde se conservan, pues ambos fueron escritos en San José de Ávila en 1566 y 1567.

La primera redacción (El Escorial) es más espontánea y libre, con muchas expresiones familiares, al pensar la autora que no saldría de su monasterio. La segunda (Valladolid) ya parece pensada para su publicación y es más completa, aumentada y corregida.

Como con otros libros (Vida o Fundaciones) no pone un título inicialmente, ni se publica hasta después de su muerte. Camino de Perfección es el primero en publicarse, un año después de su muerte en 1583.

También coincide en su introducción en verse importunada para escribirlo, por obediencia.

Nos habla en este libro de la reforma recién emprendida, del amor, desasimiento y humildad como bases de la vida comunitaria, del peligro de la honra: … no hay tóxico que mate, como estas cosas, la perfección. (Camino de Perfección 12,7)

También nos habla de la oración con unos avisos significativos para perseverar con humildad frente a Dios sin exigir o buscar experiencias sobrenaturales: “…importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino; y, por ventura, el que le pareciere va por muy más bajo está más alto… (Camino de Perfección 27,2).
O dicho de otra forma: El verdadero humilde ha de ir contento por el camino que le llevare el Señor (Camino de Perfección 15, 2).

Gran parte de la obra es una meditación sobre el Padre Nuestro como oración vocal más importante, con puntos de gran profundidad en su análisis.

 LEER CAMINO DE PERFECCIÓN

Castillo Interior o Moradas

Las Moradas o Castillo Interior

Una nueva petición  de sus monjas y superiores vuelve a importunar a la santa para escribir un tratado de oración, que realiza en 1577, comenzando con su tradicional queja por el esfuerzo que le supone. A su vida de oración en el convento se sumaban las labores de dirección y nuevas fundaciones y debía sacar tiempo de donde no lo tenía para escribir con una pluma y la débil luz de una vela, en muchas ocasiones robándole tiempo al sueño.

Comienza con una metáfora que explica sus dos títulos: “.… considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas…y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma… la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración, no digo más mental que vocal; que como sea oración, ha de ser con consideración; porque no advierte con quien habla y lo que pide y quien es quien pide y a quien, no la llamo yo oración, aunque mucho menee los labios…”

Desgrana la oración en 7 moradas (frente a las cuatro etapas que comenta en el Libro de la Vida).

Después de describir con detalle cada grado de oración y los efectos que dejan en el alma con refuerzo de virtudes, y  lo que podemos hacer de nuestra parte para que el Señor quiera darnos las gracias místicas hay dos importantes conclusiones.

La primera es que estas gracias: … no piense alguna que es sólo para regalar estas almas, que sería grande yerro; porque no puede su Majestad hacernos mayor regalo que es darnos vida que sea imitando a la que vivió su Hijo tan amado; así tengo yo por cierto que son estas mercedes para fortalecer nuestra flaqueza – como aquí he dicho alguna vez – para poderle imitar en el mucho padecer. Siempre hemos visto que los que más cercanos anduvieron a Cristo nuestro Señor fueron los de mayores trabajos…” (Moradas 4,4 y 4,5).

O dicho más resumido, los favores y gracias místicas: “…procuremos alcanzar, y no para gozar, sino para tener estas fuerzas para servir.”  Moradas (4,12)

La segunda habla de la prevención a los que pretenden ser muy espirituales: … poco me aprovecha estarme muy recogida a solas haciendo actos con nuestro Señor, prometiendo y proponiendo de hacer maravillas por su servicio, si en saliendo de allí, que se ofrece la ocasión, lo hago todo al revés.” (Moradas 4,7)

Y esta otra advertencia, aún más dura: … ¿Sabéis qué es ser espirituales de veras?: hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la  †, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo… así es que, hermanas, para que lleve buenos cimientos, procurad ser la menor de todas y esclava suya…”.(Moradas 4,8)

LEER CASTILLO INTERIOR O LAS MORADAS

Las Constituciones

Legislación para el ideal de la nueva forma de vida carmelitana. Teresa se sirvió de las Constituciones observadas en el monasterio de La Encarnación de Ávila, así como de legislación y costumbres de otras órdenes religiosas y consejos de otras personas entendidas.

Organizó la nueva vida con una decisiva orientación contemplativa centrada en la oración, contacto sostenido con la soledad de la clausura estricta, el silencio, la pobreza, la penitencia, el trabajo manual, la abstinencia de carnes y las alegres recreaciones. Santa Teresa no admitió al principio más que a trece religiosas, pero más tarde, en los conventos que no vivían sólo de limosnas sino que poseían rentas, aceptó que hubiese veintiuna.

Describe el régimen interno del convento, con horarios, sanciones, normas de vida, etc. Dando buena idea de su rigor:

En verano se levanten a las cinco, y estén hasta las seis en oración. En el invierno se levanten a las seis, y estén hasta las siete en oración.”

No puede hablar una hermana con otra sin licencia, si no fueren las que tienen los oficios en cosas necesarias.

Todo el tiempo que no anduvieren con la comunidad, o en oficios de ella, se esté cada una por sí, en las celdas o ermitas…

 Hase de vivir de limosna siempre, sin ninguna renta y, mientras se pudiere sufrir, no haya demanda. Mucha sea la necesidad que les haga traer demanda, …Se refiere la renta a ingresos regulares asegurados. San José de Ávila se fundó sin renta, pero en poblaciones menores de pocos habitantes y de carácter rural la santa fundó conventos con renta. Demanda se refiere a pedir limosna ellas o alguien en su nombre.

En ninguna manera posean las hermanas cosa en particular ni se les consienta, ni para el comer, ni para el vestir… sino que sea todo en común… Y por esto tenga mucho cuidado la priora en que, cuando viere alguna hermana aficionada a alguna cosa, ahora sea libro o celda o cualquiera otra cosa, de quitárselo.

Hase de ayunar desde la Exaltación de la Cruz, que es en Septiembre, desde el mismo día, hasta Pascua de Resurrección, excepto los domingos. No se ha de comer carne perpetuamente.”

Las camas sin ningún colchón, sino con jergones de paja: que probado está por personas flacas y no sanas que se puede pasar… jamás haya alfombra, si no fuere para la iglesia

En vestido y cama jamás haya cosa de color, aunque sea cosa tan poca como una faja…Han de tener cortado el cabello, por no gastar tiempo en peinarle. Jamás ha de haber espejo, ni cosa curiosa, sino todo descuido de sí.

En el locutorio: A nadie se vea sin velo, si no fuere padre o madre o hermanos… Téngase gran cuenta en hablar con los de fuera… véanlos  muy pocas veces, y éstas concluyan pronto.

No se haga más con la priora y antiguas que con las demás.”

“Ninguna hermana hable en si se da mucho o poco de comer, bien o mal guisado.

Las enfermas sean curadas con todo amor y regalo y piedad, conforme a nuestra pobreza…”.

También da normas para elegir novicias: “... que no sean menos de 17 años… Cuando se tomare alguna, siempre sea con parecer de la mayor parte del convento; y cuando hagan profesión lo mismo.

Por último establece las correcciones para la culpa:  … leve, …media, …grave, … más grave, … gravísima”.

LEER Y DESCARGAR LAS CONSTITUCIONES

Las Fundaciones

Nace este Libro, como el Libro de la Vida, de la obediencia impuesta a Santa Teresa. Esta vez para que relate su hazaña de reforma del Carmelo y fundación de varios monasterios por toda España.

Lo escribe entre 1573 y 1582, con muchos períodos de inactividad. Comienza a sus 58 años y concluye meses antes de su muerte a los 67. Es pues una obra de su madurez, en la que acepta de mala gana su papel de cronista, tornándolo por el de directora espiritual en gran parte de su redacción.

Se mezclan en este libro su sabiduría espiritual con la historia de la época, las rencillas de la Iglesia y los negocios mercantiles que supone cada fundación.

Comienza quejándose de tener que escribirlo: Por experiencia he visto… el gran bien que es para un alma no salir de la obediencia…” y continúa explicando quien se lo pide: “el maestro Ripalda, habiendo visto este libro de la primera fundación, le pareció sería servicio de nuestro Señor que escribiese de otros siete monasterios que, después acá,… se han fundado,  junto con el principio de los monasterios de los padres descalzos.”

Explica que, aunque no se consideraba capaz de escribir una nueva obra: “…me dijo El Señor: Hija, la obediencia da fuerzas.”.

Teresa agradece continuamente las ayudas pero silencia los nombres de quienes pusieron dificultades, lo advierte así: … Por tener yo poca memoria, creo que se dejarán de decir muchas cosas importantes, y otras, que se pudieran excusar, se dirán”.

Tras cinco años en el primer convento fundado: San José de Ávila, años de vida conventual ajustada al régimen primitivo, recibe la visita del P. Maldonado trayéndole noticias de la inmensa labor misionera que se requiere en América, lo que apena a la Santa, que en oración escucha: …Espera un poco hija, y verás grandes cosas.”.

Y efectivamente poco tiempo después recibe la visita del padre general de Roma con:…cumplidas patentes para se hiciesen más monasterios, con censuras para que ningún provincial me pudiese ir a la mano.”

Y es así como Teresa se hace a los caminos y nos cuenta lo que en ellos encuentra; sol abrasador, frio y barro, gente de bien que la ayudan y traidores que desdicen lo prometido. En Medina del Campo se produce el encuentro con San Juan de la Cruz, que, buscando mayor soledad y austeridad planeaba el ingreso en la cartuja de El Paular, cuando en 1567 se encuentra con Teresa y le convence de ayudarle en la reforma fundando el primer monasterio de la orden de los descalzos: Duruelo, Ávila. Contaba ella 52 años y 24 él.

Teresa nunca pierde el ánimo. En un viaje en el duro invierno a Burgos, pasando frío y sufriendo la lluvia y el barro de los caminos, se encuentra con una hostilidad inesperada para fundar. Corría el año 1580, tenía por tanto 65 años y acababa de pasar un mal viaje, no de horas, como los de ahora, sino de días. Su relato se vuelve entonces oración, como tantas veces: ¡Oh Señor mío, qué cierto es a quien os hace algún servicio pagar luego con un gran trabajo!, ¡Y qué precio tan precioso para los que de veras os aman, si luego se nos diese a entender su valor!” (Fundaciones 31,22).

LEER LAS FUNDACIONES

Poesías

Santa Teresa escribe poesías sólo ocasionalmente. Lo hace inspirada en poemas y rimas pastoriles y literarios que aprendió en su juventud cuando también leía libros de caballerías. Muchos de ellos los compone durante los largos viajes a las fundaciones, en los carromatos en que se desplazaban, para animar las largas y monótonas horas.

Las compuso para alegrar la vida de los conventos, pues le gustaba ver a las hermanas contentas.

No se dio mucha importancia estos cortos textos, por lo que deben haberse perdido la mitad de ellos.

Reproducimos algunas de sus poesías más inspiradoras:

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia,
todo lo alcanza,
Quien a Dios tiene,
 nada le falta.
Sólo Dios basta.

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Vivo sin vivir en mí,
Y tan alta vida espero,
Que muero porque no muero.

 ………………………………………………………………………………………

En la cruz está la vida,
 y el consuelo,
y ella sola es el camino,
para el cielo.

 ………………………………………………………………………………………

Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mi?


Soberana Majestad,
eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
la gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:
¿qué mandáis hacer de mi?

Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra pues que me llamastes.
vuestra, porque me esperastes,
vuestra pues no me perdí,
¿qué mandáis hacer de mi?

¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
veisme aquí, mi dulce amor,
amor dulce veisme aquí:
¿qué mandáis hacer de mi? 

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma;
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí,
¿qué mandáis hacer de mi? 

Dadme muerte, dadme vida;
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme inferno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí:
¿qué mandáis hacer de mi? 

Si queréis dadme oración;
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad:
sólo hallo paz aquí,
¿qué mandáis hacer de mi? 

Dadme pues sabiduría,
o, por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía.
Dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí y allí,
¿qué mandáis hacer de mi?

Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar,
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando;
decid dónde, cómo y cuándo,
decid dulce amor decid:
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa,
o estéril, si cumple así:
¿qué mandáis hacer de mi?

Sea José puesto en cadena,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo pena,
o ya David encumbrado.
Sea Jonás anegado,
O libertado de allí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Haga fruto o no lo haga,
esté callando o hablando,
muéstreme la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo vos en mí vivid.
¿qué mandáis hacer de mi?
Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mi?

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Otras Obras

CUENTAS DE CONCIENCIA

Hay 66 cuentas de conciencia, breves anotaciones, siempre de carácter espiritual. Complementan alguno de los capítulos del Libro de la Vida.

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MEDITACIONES SOBRE LOS CANTARES

Atrevida obra de Santa Teresa sobre el Cantar de los Cantares, cuando en el siglo XVI no estaba permitido publicar o leer la sagrada Escritura en lengua romance.

Como otras veces no puso título ella a la obra. Y quemó los dos autógrafos por orden de su confesor. Por suerte se conservaban copias de ambos originales.

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EXCLAMACIONES DEL ALMA A DIOS

Conservamos copias pero no autógrafos de esta breve obra, escrita en forma de diálogo directo y continuo con Dios.

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VISITA DE DESCALZAS

Santa Teresa ofrece en Vejamen consejos y sugerencias a los visitadores que inspeccionaban los conventos alrededor de una vez al año.

 DESAFÍO ESPIRITUAL

Respuesta de Santa Teresa a un reto “a lo divino” que recibe desde el monasterio de Pastrana.

VEJAMEN

Recogida en oración la santa escuchó: -Búscate en mí. Y preguntó a través de su hermano Lorenzo a Salcedo, Julián de Ávila y Juan de la Cruz el significado de aquellas palabras. Las breves líneas de Vejamen son la respuesta de la santa, en tono festivo, a los comentarios a las interpretaciones de los tres religiosos.

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CARTAS

Se conservan 451 cartas y 24 fragmentos imposibles de fechar.  Pero son sólo una parte de las que se estima que escribió: entre 10.000 y 25.500 según diferentes estimaciones.

Tienen el interés de mostrarnos la intimidad diaria de Teresa, con sus problemas materiales, penas y alegrías. Si las obras mayores nos muestran la doctrina, las cartas nos abren a la humanidad de Teresa, a su día a día.

En ellas vemos como, por ejemplo, pagaba el alto coste de un emisario para sólo una carta, si la urgencia e importancia del asunto lo requerían, o enviaba un “taxi”, un burro que trajera a sus visitantes. Cuando la ocasión lo requería, la Santa gastaba con liberalidad, por más que su vida fuera en extremo austera.

También se ve en ellas la evolución que Teresa da a su nueva orden: el número de monjas por convento cambia, su idea de vivir de la limosna también según las circunstancias.

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TEXTOS http://www.santateresadejesus.com/