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FECHA
del 6 al 22 de febrero 2026

LUGAR
Teatro de Rojas

DIRECCIÓN
Plaza Mayor

PRECIO
Gratuita€

Actores sin alma

Fecha: del 6 al 22 de febrero 2026
Lugar: Teatro de Rojas Toledo
Entrada gratuita

El recorrido de la exposición comienza en el siglo XI, con la expansión árabe en al-Ándalus llegó el misterioso khayal al-zill, o teatro de sombras, cuyas figuras se proyectaban sobre pantallas iluminadas durante festividades que fascinaban al público. Ciudades de contacto —especialmente Toledo tras 1085— convivieron durante generaciones cristianos, judíos y musulmanes, y de los romances del norte. La plaza, el atrio y la feria funcionaron como espacios de arte popular, donde el canto, la canción, la juglaría y el espectáculo breve difundían fórmulas y vocabulario compartidos. Las jarchas muestran que esa lengua vulgar podía circular artísticamente en forma de estribillos amorosos, mientras que en ámbitos urbanos refleja un paisaje lingüístico heterogéneo. En ese contexto surgieron plazas y caminos, juglares cristianos, a veces judíos o musulmanes, primeros títeres-instrumento que acompañaban romances épicos y serranillas, dando voz al entretenimiento o relatos transmitidos boca en boca y contribuyendo al desarrollo de la lengua romance.

Con la consolidación del cristianismo, muchas ceremonias litúrgicas fueron transformándose en espectáculo. Los tropos en latín, recitados y cantados en el atrio de las iglesias, dieron lugar a dramas litúrgicos como la Visitatio o el Quem quaeritis, donde pequeños diálogos dramatizados ilustraban la Pasión de Cristo. Así, el teatro nació de la fe y del asombro, capaz de explicar conceptos complejos a un pueblo que comprendía el latín. Con el tiempo, el teatro salió de claustros y sacristías y se volvió más secular. Autos sacramentales, misterios y morales convivían con las comedias renacentistas.

Pero fue en el Siglo de Oro cuando el teatro español alcanzó cotas extraordinarias. Un ingenio colectivo que convirtió el escenario en un espejo de la sociedad. En corrales de comedias y bajo la mirada de Felipe IV, se consolidaron las máquinas teatrales: efectos y artificios que daban vida a dioses y héroes, como sucede en La selva sin amor de Lope de Vega. Aquel despliegue de imaginación escénica culminó en 1765, la Real Cédula prohibió los autos sacramentales y dio paso al auge de la comedia de santos, y parte del género se refugió en las fiestas patronales de pueblos y aldeas.

La Ilustración y la Revolución Industrial abrieron nuevas ventanas: cosmoramas animados, linternas mágicas, panoramas móviles que viajaban paisajes nunca vistos, mientras el teatro de guiñol —con su mordaz Don Cristóbal— servía como herramienta de crítica social. En el siglo XIX, Montmartre y París poblaron decorados realistas, fantasmagorías y juegos de luz de gas; más tarde, Valle-Inclán convirtió el esperpento en espejo de una España agónica. Y ya a las puertas del siglo XXI, las vanguardias hallaron en lo fantástico nuevas maneras furiosas: un vehículo para el absurdo y la ironía, cerrando un ciclo milenario en el que el teatro nunca dejó de hablarnos de nosotros.

La Máquina Real se ha convertido en el nombre de nuestra compañía. Alternamos el trabajo de investigación y producción con una intensa actividad formativa. Entre 2017 y 2024 hemos formado a decenas de personas en la construcción de escenografías y utilería, a educadores en artes escénicas, y a jóvenes en producción audiovisual. Esta labor continúa trabajando para recuperar una forma de diversión que estuvo vigente en España durante siglos —muy especialmente en el Siglo de Oro—, la dramaturgia española, y que constituye una parte esencial de nuestro patrimonio cultural. Estamos convencidos de que este teatro de títeres tiene mucho que aportar a la actualidad de hoy, pues posee esa cualidad atemporal que permite dialogar con públicos de cualquier época.

Desde el año 2005, un grupo de titiriteros e investigadores trabajamos en la elaboración de un proyecto documental sobre la historia del teatro español de títeres. En cada documento que estudiamos, constatamos el tremendo vacío que existe en nuestra historia del teatro y, particularmente, en la del olvidado Teatro de Figuras.

En 2007 iniciamos la recuperación del género teatral de máquina real, con espectáculos como El esclavo del demonio, Lo fingido verdadero o La selva sin amor. Presentes en los principales festivales de teatro clásico de España y Europa. Este género ya se estudia en universidades de Madrid, Varsovia, Ithaca (Nueva York) o Los Ángeles (California), entre otras.

El esfuerzo por la recuperación de la máquina real ha generado un excelente medio de investigación para el mejor conocimiento del teatro clásico: de sus textos literarios y, sobre todo, de su puesta en escena (escenografía, música, técnica interpretativa, etc.). Y ofrecerlo al público que, formado a lo largo de las últimas décadas, se interesa por espectáculos de calidad, máxime cuando, como en este caso, combinan su carácter culto con las raíces más populares y, tal como sucedía en nuestro Siglo de Oro, atrae conjuntamente a público adulto y al infantil.

Todo sobre la exposición

Bavastel

Los bavasteles fueron títeres articulados originados en Italia durante el siglo XII, extendiéndose rápidamente por Francia, España y otras ciudades europeas. Eran pequeñas figuras de madera policromada, suspendidas horizontalmente mediante cuerdas atadas a un objeto fijo y al pie del titiritero, cuyo movimiento permitía que los muñecos ejecutaran bailes o piruetas al ritmo musical proporcionado por instrumentos como gaitas o zanfonas. Inspirados en la fascinación medieval por desafíos y combates, frecuentemente representaban guerreros con espadas y escudos, siendo su primera ilustración conocida del códice Hortus Deliciarum. Además, existió otra variante llamada “de cuchara”, en la cual el muñeco, sostenido sobre una tabla vibrante, simulaba bailar al compás de la música popular en espacios públicos como plazas o mercados. La necesidad itinerante de los juglares impulsó el desarrollo posterior de títeres más ligeros y manejables, posiblemente derivando en los títeres de guante o cachiporra.

La máquina real

La escenografía teatral ha evolucionado a lo largo de los siglos gracias a la transmisión de conocimientos técnicos entre tramoyistas, conocidos antiguamente como ingenieros. Estos profesionales, formados en artes y ciencias, eran responsables de crear efectos especiales en coordinación con músicos y dramaturgos.

En los siglos XVII y XVIII, surgió en los Corrales de Comedias la llamada “Máquina Real”, nombre dado a las compañías especializadas en espectáculos de títeres con música en directo y escenografía sofisticada, que imitaban en miniatura las óperas cortesanas. Estas representaciones, imposibles de reproducir con actores reales, incluían efectos, acrobacias y cambios escénicos innovadores.

La introducción de estas técnicas en España se debió en parte al reinado de Felipe IV y a la influencia de ingenieros italianos. Aunque pocos dispositivos se han conservado, los textos del Siglo de Oro documentan el uso de ingenios como máquinas de truenos, relámpagos, lluvia, humo o efectos pirotécnicos como la pez rubia, demostrando la riqueza técnica del teatro de la época.

Retablo de cachiporra

Es un tipo de espectáculo tradicional protagonizado por Don Cristóbal, una figura cómica y violenta derivada del Polichinela italiano (Pulcinella) y del Punch inglés. Este personaje es astuto, burlón, agresivo y desafiante con el poder, y sus historias suelen concluir con bastonazos a enemigos, rivales amorosos y figuras de autoridad.

Actores sin Alma. Mil años de Teatro de Figuras en España

Aunque se sitúa su origen en el siglo XIV, hallazgos como una piedra maya de hace más de mil años en Guatemala sugieren antecedentes mucho más antiguos. Las primeras representaciones europeas documentadas datan del siglo XIV, como una pintura de Jehan de Grise (1344) que muestra una función de títeres de guante con cachiporra.

En la Edad Media, los juglares itinerantes difundieron este tipo de teatro por su facilidad de transporte. La figura de Don Cristóbal ha sido inmortalizada en obras gráficas de Goya, representándolo como un individuo grotesco y violento. En el siglo XX, Federico García Lorca lo rescata en su pieza El Retablillo de Don Cristóbal, reafirmando su lugar en la tradición popular y literaria del teatro de títeres.

Títere contemporáneo

A finales del siglo XIX, el teatro español refleja la crisis social y política del país. Desde el modernismo se evoluciona hacia el esperpento, concepto desarrollado por Ramón del Valle-Inclán como una crítica al orden establecido y a la España decadente, “anclada en los sueños de un imperio pasado”. En su obra, los personajes se convierten en “títeres simbólicos”, guiados por el autor en un mundo absurdo, deformado y trágicamente grotesco.

Actores sin Alma. Mil años de Teatro de Figuras en España

En el siglo XX, el alejamiento del realismo teatral impulsa el uso del títere como recurso estético para renovar el lenguaje escénico. Valle-Inclán lo explora en su Tablado de Marionetas para educación de príncipes (1926), donde presenta figuras deshumanizadas y grotescas. Este enfoque continúa en El retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (1927), donde los personajes adquieren rasgos de títeres o sombras, vacíos de espiritualidad y atrapados en mundos macabros.

Ya en el siglo XXI, el teatro se enriquece con las vanguardias y el teatro del absurdo, encontrando en Francisco Nieva una figura clave. Sus marionetas furiosas encarnan el sarcasmo, la burla y la crítica social mediante una estética provocadora y fragmentaria que mezcla tradición y modernidad, consolidando al títere como símbolo de expresión contemporánea.

Retablo de cachiporra

Es un tipo de espectáculo tradicional protagonizado por Don Cristóbal, una figura cómica y violenta derivada del Polichinela italiano (Pulcinella) y del Punch inglés. Este personaje es astuto, burlón, agresivo y desafiante con el poder, y sus historias suelen concluir con bastonazos a enemigos, rivales amorosos y figuras de autoridad.

Aunque se sitúa su origen en el siglo XIV, hallazgos como una piedra maya de hace más de mil años en Guatemala sugieren antecedentes mucho más antiguos. Las primeras representaciones europeas documentadas datan del siglo XIV, como una pintura de Jehan de Grise (1344) que muestra una función de títeres de guante con cachiporra.

En la Edad Media, los juglares itinerantes difundieron este tipo de teatro por su facilidad de transporte. La figura de Don Cristóbal ha sido inmortalizada en obras gráficas de Goya, representándolo como un individuo grotesco y violento. En el siglo XX, Federico García Lorca lo rescata en su pieza El Retablillo de Don Cristóbal, reafirmando su lugar en la tradición popular y literaria del teatro de títeres.

Retablo paisajístico

Los “teatros paisajísticos mecánicos” surgieron en el siglo XVII en salones palaciegos como refinadas exhibiciones para la nobleza, donde autómatas como aves, caballeros y bailarinas se animaban mediante mecanismos de relojería. Con el tiempo, estos espectáculos salieron de los palacios y llegaron a plazas y mercados, integrándose en las funciones de artistas itinerantes que comenzaron a montar pequeñas escenas mecánicas con telones y bastidores llenos de engranajes.

Durante el siglo XIX, en pleno auge de la ciencia y la modernidad, surgieron espectáculos populares como los belenes móviles y los teatros de autómatas que recreaban escenas bíblicas, minas o paisajes exóticos. Ejemplos notables incluyen el trabajo de Karl Jäger en Dresde o la familia Lawrence en Bretaña. En Inglaterra, el ilusionista Fawkes presentó en 1720 un teatro móvil con figuras que se desplazaban por paisajes mecánicos, y Jacques Philippe de Loutherbourg creó el “Eidophusikon” en Londres, un teatro en miniatura que simulaba efectos naturales como tormentas y volcanes, anticipando los panoramas y dioramas del siglo XIX.

Retablo romántico

El teatro de títeres también ha abordado el tema del amor de múltiples maneras, destacando especialmente los relatos de amores imposibles. En el caso de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, estrenado en 1844, se representa un arquetipo que desafía radicalmente las normas sociales y religiosas. El protagonista encarna el deseo de libertad absoluta, enfrentado a la rígida moralidad de la España de la Contrarreforma. En esta obra, ni la Iglesia ni la justicia humana tienen valor; solo importan el goce y la afirmación de la vida como juego.

Ya en el siglo XIX el desaparecido teatro de máquina real da paso al teatro de títeres manipulados con hilos y al uso novedoso de la Linterna Mágica y las Fantasmagorías, que permitía proyectar imágenes mediante una fuente de luz y lentes, a menudo acompañadas de efectos sonoros, ideal para la representación de escenas macabras y temas relacionados con la muerte, como esqueletos, ataúdes o cementerios. Este artefacto se consolidó como un medio de comunicación de masas en el contexto de la industrialización, especialmente en Europa.

Retablo renacentista

Durante el siglo XVI surgen los títeres de varilla, una combinación entre los de guante y los de hilo. Estos muñecos carecen de pies, se manipulan desde abajo introduciendo la mano en el cuerpo y moviendo brazos articulados mediante varillas. Un ejemplo literario emblemático de este tipo de teatro es Maese Pedro, personaje de Don Quijote de la Mancha (capítulos XXV y XXVI), que refleja la figura del titiritero renacentista itinerante, caracterizado por actuar en plazas, ventas y lugares rurales, y visto socialmente con cierta marginalidad y picardía.

En la novela, Maese Pedro presenta una representación titulada “La libertad de Melisendra”, donde Don Quijote, confundiendo ficción y realidad, destruye el retablo intentando rescatar a los personajes de la historia. Al tomar conciencia de su error, culpa a la hechicería y compensa económicamente al titiritero. Esta escena es un ejemplo del recurso cervantino del metateatro, la representación teatral con títeres dentro de otra obra.

Tutilimundi

El “Tutilimundi”, también conocido como “mundinovi”, era un espectáculo visual itinerante de origen italiano que consistía en una caja portátil con escenarios, figuras y mecanismos ópticos que simulaban movimiento. Mediante luces, lentes y mecanismos internos, creaba efectos visuales animados, siendo considerado un antecedente del cinematógrafo.

Desde el siglo XVII, los avances en óptica y mecánica en Europa impulsaron la creación de ingenios animados y autómatas. En el siglo XVIII, dispositivos como los “cosmoramas”, influenciados por las Enciclopedias y los relatos del Grand Tour, se popularizaron como medios de divulgación visual. El Tutilimundi formaba parte de esta tendencia, junto con otros artefactos como la “Linterna Mágica” o el “Praxinoscopio”, que inspirarían la posterior invención del cine.

Este tipo de espectáculo se presentaba en ferias y plazas, donde el titiritero colocaba la caja sobre una carreta y, acompañado de música popular, invitaba al público a mirar a través de un visor con lentes. Dentro, los espectadores observaban paisajes o escenas animadas mediante un sistema de raíles.

Retablo de autómatas

Es una representación teatral realizada con figuras mecánicas capaces de recrear movimientos realistas. Su origen histórico es remoto, registrándose primeros ejemplos en la antigua Etiopía (estatua sonora de Memon, 1500 a.C.), China (siglo VI a.C.) y Grecia con la paloma de vapor de Archytar (400 a.C.), alcanzando mayor complejidad en el siglo I d.C. con los inventos hidráulicos y mecánicos de Herón de Alejandría. En el Imperio Romano, estos ingenios eran exhibidos como símbolo de riqueza.

Durante la Edad Media europea, los autómatas adquirieron un rol didáctico en ceremonias litúrgicas para ilustrar misterios religiosos y exhibir el poder eclesiástico, destacando ejemplos como el gallo del reloj de Estrasburgo. Desde el siglo XIV, los retablos mecánicos proliferaron especialmente en celebraciones navideñas, adoptando posteriormente un tono humorístico que causó conflictos con la Iglesia, llevando incluso a la censura.

En el Renacimiento, inventores como Leonardo Da Vinci y Juanelo Turriano diseñaron sofisticados autómatas para monarcas europeos.

El Teatro de Sombras

Es un espectáculo antiguo basado en la proyección de sombras generadas por la interposición de objetos o manos entre una fuente luminosa y una pantalla traslúcida, creando figuras en movimiento. Aunque se cree que tiene raíces prehistóricas, su origen documentado es en Asia, destacando testimonios de China e India desde los siglos II y IV a.C. Su popularidad se extendió rápidamente en Asia, gracias a su aceptación cultural, particularmente entre sociedades que prohibían la representación figurativa explícita, lo que facilitó su expansión hacia el norte de África y la Península Ibérica con la expansión árabe.

En Al-Ándalus, desde el siglo XI, aparece referido como khayal al-zill, utilizándose títeres planos coloreados manipulados con palos frente a una fuente luminosa para crear sombras. La tradición se mantuvo y desarrolló técnicamente, influyendo posteriormente en los Retablos Mecánicos medievales. Destaca en el siglo XIII la obra del dramaturgo árabe Ibn Daniyal, cuyas representaciones, llenas de sátira y realismo, fueron especialmente populares entre las clases influyentes en Egipto y el sur de España.

Gigantes y Tarascas

Los gigantes, cabezudos y la tarasca son elementos festivos tradicionales extendidos en Europa occidental y América Latina, que tienen su origen en festividades paganas y posteriormente se vinculan al Corpus Christi. Consisten en grandes figuras elaboradas con materiales como cartón-piedra o poliéster sobre estructuras internas rígidas, vestidas con trajes típicos. Los gigantes suelen representar personajes imponentes como reyes o fantasmas, mientras que los cabezudos destacan por su aspecto cómico debido a la desproporción de sus cabezas y sus interacciones humorísticas con el público. La tarasca, por su parte, simboliza los pecados y males del mundo.

Instituida por el Papa Urbano VI en 1264, la procesión del Corpus Christi integraba estas figuras como parte esencial del evento festivo, combinando lo religioso y lo profano. Aunque las primeras menciones en España datan de los siglos XIII y XIV, principalmente en los reinos de Aragón y Navarra, esta mezcla generó polémica, llevando a su prohibición por parte del rey Carlos III en 1780 mediante una Real Cédula, limitando así la participación de estos elementos profanos en celebraciones religiosas.

HORARIOS DE APERTURA

Viernes 6 de febrero
Mañana: de 11 a 14 h Inauguración
Tarde: de 17 a 20 h

Sábado 7 de febrero
Mañana: de 10 a 14 h
Tarde: de 17 a 20 h

Domingo 8 de febrero
Mañana: de 10 a 14 h

Del miércoles 11 al viernes 13 de febrero
Tarde: de 17 a 20 h

Sábado 14 de febrero
Mañana: de 10 a 14 h
Tarde: de 17 a 20 h

Domingo 15 de febrero
Mañana: de 10 a 14 h

Sábado 21 de febrero
Mañana: de 10 a 14 h
Tarde: de 17 a 20 h

Domingo 22 de febrero
Mañana: de 10 a 14 h

Entrada libre hasta completar aforo

Programación del 450 aniversario del Mesón de la Fruta

Pincha en el siguiente enlace para ver todo el contenido de la programación del 450 ANIVERSARIO DEL MESÓN DE LA FRUTA

Programación del Teatro de Rojas Primavera 2026

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PROGRAMACIÓN TEATRO DE ROJAS PRIMAVERA 2026

Guía de información turística y cultural MÁS TOLEDO

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Resumen
Evento
Actores sin Alma
Ubicación
Teatro de Rojas, Plaza Mayor,Toledo,Toledo-45001
Empieza en
2026/02/06
Finaliza en
2026/02/22
Descripción
La exposición Actores sin alma, organizada para la conmemoración del 450 aniversario del Mesón de la Fruta, ubicado en el actual Teatro de Rojas. Pincha en el enlace para tener toda la información
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